Por qué no todas las copas son iguales

Conocer las partes de una copa de vino es fundamental para comprender cómo su diseño influye en la experiencia de cata. Cada elemento de la copa cumple una función, pensada para realzar las cualidades del vino: color, aroma y sabor. La elección de la copa cambia la forma en que percibimos estas cualidades, una copa adecuada potenciará las notas características de cada tipo de vino, mientras que una copa inadecuada puede atenuarlas o distorsionarlas.


Materiales más comunes

Las copas pueden estar hechas de vidrio o de cristal, con acabados lisos que facilitan su limpieza. En modelos más económicos, el vidrio es el material predominante, mientras que las copas de gama alta utilizan cristal fino, que garantiza una claridad perfecta, esencial para apreciar el aspecto y color exacto del vino.


Las partes de una copa son las siguientes:




1. Base o pie

La base o pie es el soporte de la copa. Su función principal es proporcionar estabilidad para evitar que la copa se vuelque. Debe ser lo suficientemente ancha para equilibrar el peso del cáliz y el tallo.

Un diseño bien equilibrado asegura que la copa no se incline fácilmente al sujetarla con las manos, lo que es imprescindible para evitar que se produzcan derrames.

2. Tallo o fuste

El tallo es la parte alargada que conecta la base con el cáliz. Permite sujetar la copa sin calentar el vino con la temperatura de las manos, lo que podría alterar sus características organolépticas.

El tallo suele ser delgado y recto y su longitud varía según el tipo de copa, pero debe ser lo suficientemente largo para poder sujetarla cómodamente.



Consejos para sujetar correctamente la copa



La forma ideal de sujetar una copa es por el tallo, con los dedos pulgar, índice y medio, evitando el contacto directo entre la mano y el cáliz. Este agarre evita dejar huellas en el cáliz y permite girar suavemente la copa para oxigenar el vino.

3. Cáliz y boca

El cáliz es probablemente la parte más importante de la copa, ya que contiene el vino y permite que éste desarrolle sus aromas y sabores. Su grosor, forma, tamaño y diámetro de la boca varían dependiendo del tipo de vino para el que la copa ha sido diseñada. Tiene dos secciones, la base del cáliz, que es donde reposa el vino una vez se ha servido y el cuello que es el espacio vacío donde se extiende el aroma y circula hasta la nariz y la boca.



Las formas del cáliz y de la boca de la copa han sido cuidadosamente diseñadas para dirigir los aromas hacia la nariz y el líquido hacia zonas específicas de la lengua y del paladar para optimizar la percepción del vino. Por ejemplo, las copas para vino tinto suelen tener un cáliz más ancho para permitir una mayor oxigenación, mientras que las copas para vino blanco tienen un cáliz más estrecho para conservar los aromas frescos.

4. Borde

El borde de la copa es donde los labios hacen contacto con el vidrio. Un borde fino y pulido ofrecen una sensación más delicada por lo que mejora la experiencia sensorial, permitiendo que el vino fluya suavemente hacia la boca, mientras que si la copa tiene los bordes gruesos pueden interferir en la precepción del sabor del vino.



Características ideales del borde



El borde debe ser uniforme y sin irregularidades. En copas de alta gama el corte de los bordes se suele realizar mediante láser, que ofrece una gran precisión y un acabado perfecto.



Cómo afecta el borde a la experiencia de degustación



Un borde bien diseñado facilita la entrada del vino en la boca, dirigiéndolo hacia las zonas específicas del paladar donde mejor se perciben sus características.

5. Unión entre el tallo y el cáliz

Esta conexión es fundamental para la resistencia de la copa, por lo que debe estar cuidadosamente diseñada para evitar rupturas.



Resistencia y durabilidad



Las copas de cristal fino de alta gama tienen uniones de gran calidad que aseguran su durabilidad, aunque es muy importante seguir los consejos sobre cuidados y uso del cristal, como por ejemplo no sujetar al mismo tiempo la base y el cáliz al sacar brillo a una copa.

Tipos de copas

1. Copas para vinos tintos

Estas copas tienen un cáliz más grande y redondeado, lo que permite que el vino respire y libere sus aromas.


2. Copas para vinos blancos

Cuentan con un cáliz más pequeño y estrecho, diseñado para conservar las notas frescas y afrutadas.


 

3. Copas para vinos espumosos

Las copas tipo flauta son altas y estrechas, ideales para mantener la efervescencia de los vinos espumosos.


 

4. Copas para vinos dulces y generosos

Estas copas son más pequeñas y ayudan a concentrar los aromas intensos de estos vinos.


 

Copas para variedades específicas

El diseño de copas ha evolucionado hacia modelos desarrollados específicamente para cada variedad de uva. Están diseñadas para potenciar los aromas y sabores de cada variedad de uva, como Pinot Noir, Cabernet Sauvignon, Chardonnay, Riesling o Shiraz, por poner sólo algunos ejemplos.


Riedel ha sido la marca pionera en este campo desde hace muchos años, y es conocida mundialmente por su enfoque en copas específicas para cada variedad de uva. Las copas Riedel destacan por su diseño preciso y materiales de alta calidad, ofreciendo ventajas como:


  • Potenciación de los sabores y de los aromas únicos de cada uva.

  • Equilibrio perfecto entre estética y funcionalidad.

  • Experiencia sensorial adaptada al tipo de vino.




Conclusión

Las partes de una copa de vino desempeñan un papel clave en la experiencia de cata y, por tanto, comprender su función nos permite elegir la copa adecuada para cada ocasión. Experimentar con diferentes diseños puede transformar la forma en que disfrutamos el vino, especialmente al emplear copas desarrolladas específicamente para variedades concretas, como las de Riedel, que representan la excelencia en la cata de vinos.



 

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